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ANGUSTIA

 

En primer lugar la angustia es un afecto, algo que se siente y se sufre con cierto nivel de  certeza. Es algo cotidiano, no excepcional, son los distintos grados de angustia los que la delatan o no. Decimos que estamos angustiados cuando ha pasado cierta medida y empiezan a borrarse los límites que necesariamente la deben enmarcar para que sea operativa.

¿ Por qué decimos que es necesario un cierto nivel de angustia?

Porque la otra cara de la angustia es el deseo:
Cuando el nivel de angustia hipotéticamente es cero, el sujeto no desea nada; este efecto, por ejemplo produce la sobremedicación con ansiolíticos o sedantes.
- La angustia dosificada participa en la vitalidad de los actos, la creación, las señales de alarma, resulta un motor para la vida.
- La angustia masiva es un obstáculo que puede derivar en sensaciones de impotencia, pánico, acting, o pasajes al acto.
Entonces, la cuestión no es hacerla desaparecer, sino dosificarla, encuadrarla, limitarla.

¿Cómo se manifiesta?

Cuando está dentro de ciertos límites, la angustia se siente como cierto grado de tensión o malestar que promueve que el sujeto actúe en consecuencia.
El problema se presenta cuando empieza aumentar este afecto o irrumpe en forma más o menos violenta. El cuerpo es su registro:
disnea, palpitaciones, sudoración, estrechez en el pecho, mareos, náuseas, diarrea, temblores, dificultad para articular palabras o para quedarse callado, verborragia, mutismo, etc.

Ciertos ritmos del cuerpo enloquecen, salen de la medida y afectan los aspectos motores, sensitivos e ideacionales: quedarse paralizado o salir corriendo; gritar o quedarse sin voz; no poder pensar o asociar ideas a un ritmo maníaco.       La angustia se siente en el cuerpo y complica su normal funcionamiento silencioso, con ritmos más o menos constantes, desapercibido. Gracias a este olvido del cuerpo es que podemos concentrarnos en las distintas escenas del mundo: trabajamos, estudiamos, amamos, descansamos, etc. Siempre que se nos hace demasiado presente el cuerpo como organismo, es para molestar,
perturbar, doler.
En el límite podemos decir: se está en el cuerpo o se está en el mundo. Entendiendo por mundo la realidad compartida en relación a nuestros semejantes, presente normalmente aún en los momentos de soledad.

¿Cómo se registra subjetivamente?

-Detención del deseo (" Ya no me importa nada, todo me da igual")
-Indefensión (" Estoy a merced de Ustedes, puede pasarme cualquier cosa")
-Impotencia (" No puedo hacer nada, esto me supera totalmente")
-Desconocimiento de sí (" Ya no soy yo misma, no puede haberme pasado a mí")
-Sensación de vacío ("Estoy como en el aire, no sé donde estoy parada")
-El sujeto queda sin recursos: cuando más quiere escapar, más se aproxima a lo que lo angustia y es sobrecogido por una situación de carácter inespecífico, no puede discriminar claramente su lugar, no como sujeto ni como objeto, se siente acorralado por algo externo y a la vez íntimo, que no puede reconocer como propio, le es ajeno, pero le concierne demasiado imponiéndosele con perentoriedad.

¿Cómo se sale de la angustia?

Un gran monto de angustia no es tolerable en el tiempo, las formas de salir de ella conllevan el peligro de las "soluciones desesperadas para lo que crece desesperadamente"...

Lo que sigue, no es un catálogo de respuestas esperables, son algunas de las reacciones más frecuentes, y el sentido de describirlas, es el de otorgar racionalidad a ciertas conductas reconocibles en los pacientes, y que aparecen como fenómenos "anormales" o "accidentales", si no se los relaciona dentro del contexto que implica la situación de angustia.

- Por el lado del síntoma:

a) Histeria: se despliegan síntomas físicos o con resonancia en el cuerpo como cefaleas, desmayos, etc.
b) Fobia: las respuestas son de evitación, enclaustramiento o distanciamiento.
c) Neurosis obsesiva: el pensamiento es bombardeado por ideas compulsivas de culpa, duda, autorreproches y sensación de estar en deuda.
d) Paranoides: respuestas agresivas y querellantes.

- Por el lado de la acción:

a) Acting-out: precedido por un cuadro de máxima agitación el sujeto apela al Otro ( en este caso el médico) armando una escena en la que el denominador común es una demanda para que el otro actúe con cierta precipitación, escuche su llamado por la fuerza de la situación. Ej.: escándalos, "ataques de nervios" , autoagresiones etc.
El acting implica una búsqueda de respuestas, a través de una actuación y no de una pregunta, hay un reclamo perentorio de algo que ni el mismo paciente sabe, por más justificación y argumentación conciente que intente.

b) Pasaje al acto: Precedido por una dificultad máxima de resolver la situación de acuerdo a su deseo, y sin confiar en el sostén ni la ayuda de nadie, el sujeto sale expulsado de la escena de conflicto, para no saber más nada de él, aún al precio de su propia vida. Ej. suicidio.

c) "Pasaje al organismo": Hipótesis de trabajo que implica la posibilidad de transportar al organismo el escenario de la angustia, favoreciendo el desencadenamiento, agravamiento o complicación de enfermedades, recidivas, contagios, accidentes, etc.

Estas resoluciones fallidas no son las únicas salidas de la angustia, existen otras respuesta que intentamos promover y que consisten en:
- transformar la angustia en actos, no en actuaciones, la toma de decisiones es posibilitada en tanto el sujeto pueda diferenciarse de un lugar de objeto para el deseo de Otro.
- Identificar el punto de angustia que paraliza en la situación particular en que aparece. Siempre está sostenido por una fantasía singular.
- en permitir que se tramite el duelo, si lo que está en juego es una pérdida.
- que circule a la manera de la creación, como espontáneamente
lo hacen los artistas.
- construir, reconstruir, inscribir y analizar el conflicto, trauma, posición subjetiva, o aquello de lo que se trate, que se presentifica en el organismo de modo tal que pueda pasar de la estructura orgánica a la estructura del lenguaje.

¿Cómo se anula esta posibilidad de escuchar y transformar la angustia en brújula para mejorar la posición subjetiva?

- Suprimiéndola químicamente y desplazando su expresión a otras esferas anímicas: apatía, depresión, ensimismamiento.
- Consolidando síntomas parra conjurarla. Ejemplos: rituales obsesivos, medidas preventivas, adicciones varias.
- Alojando en las múltiples posibilidades que ofrece el cuerpo, la capacidad de expresar la tensión excesiva sin tramitación psíquica. Ejemplos: enfermedades "psicosomáticas", afectación del sistema inmunológico, tics, dolores, desórdenes de variables físicas como la presión arterial, el ciclo menstrual, las funciones excretoras, el sueño, "surmenage", etc.
- Clausurar la posibilidad de analizarla adjudicándole la significación general de un "miedo natural" o un "nerviosismo lógico" comprensibles desde el sentido común. Es cierto, un dolor de panza también puede ser una molestia corriente, o...una peritonitis.
- Aplicando los mitos de la práctica médica, por ejemplo el Mito del Descarte o la Economía del Freezer.

¿La señal de angustia y el dolor protegen?

Tanto el dolor como la angustia tienen una función de defensa para la estructura. Ambos se ubican en la frontera del sufrimiento, en el límite de la palabra, es decir del sistema simbólico que encuadra la realidad, y producen quiebres o caídas a nivel de las creencias que sostienen las imágenes en las que se apoya un sujeto.
Registrar la señal de angustia como la del dolor, dan la posibilidad de acercarse a una verdad velada en el normal funcionamiento de la estructura, del sujeto o del organismo.
Sin embargo estas irrupciones son muchas veces inutilizadas al confundir el mensajero con la enfermedad o con lo realmente patológico.
La urgencia por eliminar la angustia o el dolor y restablecer un supuesto saludable equilibrio anterior, no permite identificar su fuente, interpretar la aparición en el cuadro más amplio del contexto de lo que le pasa al sujeto o al organismo que padece.

Tampoco se trata de implementar la pasividad del sadismo: el dolor intenso o sostenido y los estados de angustia afectan el sostén yoico, pueden llegar a acompañarse de fenómenos de despersonalización.
Pero:
Cuando el dolor delata una afección orgánica, la generosa provisión de analgésicos, lo sabe muy bien el médico, no soluciona el cuadro, aunque puede aliviarlo transitoriamente, la próxima irrupción tal vez revista una complejidad mayor y requiera recursos más drásticos.
De un modo similar, los medicamentos para cuadros de angustia, con la sola finalidad de eliminarla, no modifica la posición subjetiva conmovida por los avatares del deseo y la amenaza de alguna situación complicada o insostenible, de la cual es preciso salir.
En estos casos, la restitución de "máscaras" químicas o sugestivas para mejorar la imagen (medicación ansiolítica o terapia adaptativa) o la procuración de prótesis identificatorias (a través de grupos de pares o de líderes) no sólo obstaculizan una salida ética de la angustia, sino que profundizan la alienación y la sujeción a posiciones que esclavizan al sujeto sometiéndolo a un malestar y dependencia crónicos.

No hay mal que por bien no venga...pero:

El dolor y la angustia, antiguos como la humanidad, son difícilmente definibles, no aluden a fenómenos simples, más bien a afectos que en sí mismos presentan diferencias cualitativas, de naturaleza, no sólo de grado o continuidad.
Con el dolor y con la angustia llegamos a las puertas del misterio y de la tragedia humanos; ambos absolutamente necesarios a la estructura, y a la vez caminos privilegiados de ingreso al sufrimiento incluso a la muerte.
Es interesante comprobar que las actuales definiciones de dolor que se proponen desde la "analgesiología", podrían aplicarse también a fenómenos de angustia:
"una experiencia sensorial y emocional desagradable, asociada o no con daño real o potencial, o descripto en términos de dicho daño" ( John Bonica, 1978)
La universalidad de estos afectos y su necesariedad es puesta de manifiesto aún en los casos de excepcional ausencia:
No hay posibilidad de constitución subjetiva sin angustia, como tampoco hay posibilidad de sobrevida sin dolor.

Diana Braceras, Febrero del 2001.
La angustia y la preocupación son gemelas inseparables. Hay cosas peores, pero la angustia y la preocupación son unos problemas que acechan a gran numero de personas. Entre la angustia y el miedo existe una estrecha relación.

La angustia es el sentimiento que experimentamos cuando sin motivo nos preocupamos en exceso por la posibilidad de que en el futuro nos ocurra algo temido sobre lo que no tenemos control y que, en caso de que sucediera consideraríamos "terrible" o haría que nos
consideráramos personas totalmente inútiles. También se puede definir la angustia como un sentimiento de amenaza cuya causa es por el momento desconocida pero que puede aparecer en el momento en que menos lo esperamos y revelar a todos sin excepción que somos unos incompetentes o personas totalmente ridículas.

La angustia que experimentamos no siempre es producto de los pensamientos de autodesprecio ante la posibilidad de algún fallo o debilidad personal que pudiera hacerse público. Una segunda forma de angustia proviene de una manera de pensar común a muchas personas, de hecho, a la mayoría, y que recibe el nombre de "baja tolerancia a la frustración", o BTF. La idea básica que sustenta dicha BTF es: "La vida debería ser fácil y transcurrir por donde quiero sin demasiados problemas y molestias; y si no es así, es horrible y no puedo soportarlo." Si acepta esta idea, se encontrará cogido en la "trampa de la comodidad". Algunas variaciones típicas son: "debo sentirme bien", "No debo sentirme angustiado", "Debo ser frío, mantener la calma y el sosiego". Con estas ideas, y dado que lo más probable es que nos empecemos a sentir mal en el mismo momento en que nos entreguemos a este tipo de pensamientos, lo normal será que suframos un ataque de angustia. Se puede llegar a sentir angustia por miedo a sentir angustia.

La angustia es un círculo vicioso. Una vez que se ha experimentado la angustia "sin razón alguna", aparece una actitud angustiada ante la perspectiva de sentir angustia. Aparecen pensamientos del tipo de "sería horrible si empezara a sentirme angustiado". Pensar de ese modo nos provoca la angustia. Inmediatamente, notamos la angustia y pensamos algo así como "es terrible, me estoy angustiando". Esto lleva a incrementar la angustia, que a su vez nos hace pensar cosas tales como "Estoy perdiendo el control. ¿Y si me desmayo (o me coge un ataque de pánico, o cometo una locura, o me da un ataque al corazón)? Sería terrible." La angustia crece por momentos y nos conduce a pensamientos cada vez más angustiantes. El proceso se desarrolla con gran rapidez y de lo único que somos conscientes es de un progresivo sentimiento de pánico.

Además, a muchas personas les ocurre que "respiran excesivamente" cuando sienten angustia, lo que las conduce a inspirar un exceso de oxígeno y, paradójicamente, sentir que necesitan inspirar más aire cuando en realidad necesitan menos. La respiración excesiva provoca sensaciones de mareo y de vértigo, así como palpitaciones. No sabiendo esto, es fácil pensar que esas sensaciones son una prueba de que algo en nosotros no funciona correctamente, y ese pensamiento produce aún más ansiedad, lo que refuerza el círculo vicioso.

Hay muchas personas que combaten las situaciones que les provocan angustia con una serie de conocidas técnicas pensadas para distraerse de la angustia (relajación, contar hasta diez, beber, etc.). Pueden ser útiles a corto plazo pero en general no resuelven el problema.

Veamos qué se puede hacer. En primer lugar, distinguir entre lo "incómodo" y lo "terrible". S probable que para nosotros "terrible" signifique el fin del mundo. La ansiedad no es el fin del mundo. Es incómoda, incluso muy incómoda, pero no es terrible a no ser que así la definamos. Si definimos la ansiedad como una sensación terrible estaremos dando otra vuelta al círculo vicioso. Así pues, para empezar, cuando se sienta angustiado, demuéstrese a sí mismo que la angustia es incómoda, mala, inconveniente, pero no es peligrosa ni es el fin del mundo.

En segundo lugar, demuéstreselo en la situación que habría querido evitar. Parece simple, y lo es; pero no es fácil. Recuerde esta distinción, es importante. Se ha acostumbrado a pensar que la ansiedad es terrible y su cuerpo reacciona conforme a esa definición. Cuesta
cierto tiempo acostumbrarse a pensar que la ansiedad, aunque muy incómoda, no es terrible. Y todavía pasa más tiempo antes de que el cuerpo reaccione conforme a esta nueva definición.

En tercer lugar, hace años se desarrollo un principio que resultó ser muy útil. Lo denominamos "arduo pero no aplastante". Con ello queremos decir que si creemos que una situación nos sobrepasa, quizás es mejor no enfrentarnos a ella todavía. Pero sería un error avanzar demasiado gradualmente y sólo hacer lo que podamos realizar cómodamente. Superar la ansiedad comporta tolerar cierto grado de incomodidad, por lo que es importante enfrentarse al sentimiento de incomodidad y no evitarlo.

Para empezar, escogeremos una experiencia que consideremos ardua. Y si no tenemos éxito, pensaremos que es desagradable pero no terrible.
Continuaremos aplicando el principio de arduo pero no aplastante.
Escoja una situación que le resulte difícil de afrontar, hágalo y practique la actitud que resumimos en la frase "la angustia es una sensación muy desagradable, pero no es terrible". Si teme que le dé un ataque de pánico, recuerde que el pánico tiene una duración muy breve, aunque mientras dura parece interminable. Enfréntese a él con la misma actitud: "Si me coge un ataque de pánico, me ha cogido y ya está; será desagradable, pero no terrible."

El control de la respiración como hemos dicho anteriormente es importante. Tenemos que aprender a controlar la respiración. Esto requiere muchísima práctica. La inspiración controlada implica que las inspiraciones son suaves, lentas, regulares y bastante superficiales
(no profundas). Inhale por la nariz y exhale por la boca en ciclos regulares. Una frecuencia de doce ciclos por minuto suele ser la apropiada, pero cada uno debe encontrar su propio ritmo respiratorio.
Estos ciclos regulan la cantidad de oxígeno que ingerimos, de forma que no aparezcan las sensaciones de vértigo, desmayo o mareo, ni las palpitaciones que conlleva el exceso de oxígeno.
La aplicación de estas actitudes antiangustia y de técnicas como la de la respiración controlada desgraciadamente requieren muchísima práctica, pero puede estar seguro de la progresiva mejora que usted sentirá. Creemos que si se siguen estas directrices es posible escapar del círculo vicioso de la angustia.

Independientemente del tipo de angustia que experimentemos, ya sea una "angustia social" íntimamente relacionada con un miedo escondido o evidente a cometer errores en público, a perder el amor de alguien, a no estar de acuerdo con los demás, o sea una "angustia de tipo inquietud" provocada por una necesidad de que la vida sea predecible y sin demasiadas dificultades, hemos de aceptar que somos nosotros mismos los que creamos la angustia con nuestros imperativos absolutos. Sigamos la pista de las principales generalizaciones imperativas que crean esa angustia innecesaria. Si a continuación analizamos lógicamente estas generalizaciones descubriremos de dónde surgen y a qué conclusiones nos llevan, invariablemente, veremos que no se basan en ninguna lógica, que impiden vivir felizmente o que no son prácticas a la hora de intentarlo y que conducen a conclusiones indeseables.
Hacer este análisis con rigor nos ayudará a abandonarlas.

Creemos que la verdadera vida consiste en aprender y ello conlleva asumir riesgos, lo que no nos impide advertir que no es necesario hacer locuras. Se trata de proponerse objetivos que no estemos seguros de conseguir, buscar novedades que no estemos seguros de disfrutar, determinar mediante la experiencia lo que nos gusta y lo que nos disgusta y decidir qué queremos hacer con nuestra vida. No hay otros objetivos vitales que los que cada uno se marca.

Lo peor de casi cualquier "desastre" no es tanto lo terrible que sea en sí mismo sino la creencia exagerada en el horror que conlleva.

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