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LA CULPA O EL CULPOGENO

 

 

La culpa influye sobre la conducta, estrechando nuestro repertorio de respuestas. Dejando de lado, por las razones antes expuestas, los comportamientos que no respetan nuestros valores (por ejemplo, los psicopáticos), en general la limitación neurótica del comportamiento que la culpa induce, polariza las respuestas fuera de lo que denominamos una conducta asertiva. Asertividad: el justo camino del medio Asertividad: es la actitud equlibrada, firme y racional, de respuesta frente a un conflicto o de consecución de una necesidad o deseo, entre los dos polos de: Sumisión (falta de empuje, excesiva obediencia, incapacidad de disentir) Agresividad: (mal manejo de los impulsos y la ira, carencia de autocrítica)

Sumisión Asertividad Agresividad

Estas últimos tipos de respuesta no asertivos no están aisladas, sino están incluidas en circuitos de comportamiento previsibles en sus manifestaciones y consecuencias. Fueron aprendidos en la infancia o adolescencia en el entorno familiar y social y se reeditan. Entre las mismas se incluye la culpa, un diálogo interno entre el Padre Crítico Negativo y el Niño Sumiso Negativo, en el circuito que denominamos "Sometido". Asi, la culpa limita la capacidad de respuestas hacia el extremo sumiso de los dos polos. Veremos las cuatro leyes de la culpa, y en cada caso, la posición sumisa, agresiva y por ultimo asertiva frente a la misma. Estas posiciones van delimitando un modo de comprensión y acción frente a esta emoción. Esto provoca que la persona acumule ansiedad ( "Pienso y Veo, luego Siento y Hago": si estoy pensando y diciéndome que soy malo/a, indigno/a, etc. me sentiré culpable y ansioso/a y responderé en consecuencia). Pero, es frecuente que luego de un período variable de "acumulación", siga el momento del cambio, hacia el polo agresivo. Aquí se activa otro circuito interno, que llamamos "Combativo" y que se desarrolla entre el Padre Critico Negativo interno y el Niño Rebelde Negativo. Puede haber una respuesta explosiva, potente y efectiva para expresar la energía acumulada, pero es ineficiente o aun perjudicial, por generar efectos secundarios indeseables. Entre ellos, el daño a la autoimagen, los vínculos interpersonales o hasta los bienes materiales y la salud. Este mecanismo subyace en muchos casos de violencia familiar, donde la esposa reprocha (con o sin razón) fallas a su marido, que ésta escucha cabizbajo, hasta que explota y la golpea. De cualquier modo, un mal estímulo no justifica una mala respuesta...pero suele darse. Pero después de la explosión suele volverse a la reflexión culposa (mezlada o no con miedo por las posibles consecuencias de la misma).El próximo eslabón de la cadena, es el reforzamiento interno de las creencias que sostienen la culpa. Asi, se fortalece la posición sumisa- ("¿Cómo puede decir/ hacer eso?!!"). Se intenta así conjurar a los "demonios" de la agresión y sus consecuencias nefastas, olvidando que sirvió para disipar el exceso de ansiedad generada por los momentos de sumisión.

Así, se entre en la dis-culpa, cerrando el círculo no asertivo. Sin embargo, esto no cierra sin más. Cada vuelta del circuito no es inocua. La energía que lo alimenta es la misma de que disponemos para el crecimiento y el mantenimiento de la  autoestima. No es de extrañar entonces que este circuito interno y los "Juegos Psicológicos" que produce (tales como "Esta vez de agarré desgraciado!") aprisionen a la persona y la conduzcan hacia un desenlace más o menos estereotipado y previsible de su Argumento de Vida (divorcios, problemas legales, soledad, adicciones, etc.) Por otra parte, el proceso de aprendizaje no puede realizarse sino a través de la vida misma. ¿Cómo superarla si antes no se experimentan sus efectos? Asi, el circuito de comportameintos no asertivos no es del todo negativo. Es el lugar donde se aprende a interactuar con los demás y descubrir los mensajes internos que nos condicionan. Muchas veces, la angustia y el deseo son los motores del crecimiento. Si nos sentimos bien tendemos a seguir igual. En el circuito mencionado se puede sufrir o hasta perecer, pero también aprender y renacer. Si bien es posible aprender por sí mismo de las experiencias, las lecturas, asistencia a conferencias (como ésta, por ejemplo)los talleres vivenciales, grupos de crecimiento personal o psicoterapia, ofrecen recursos eficaces para ello. Así, se va incorporando un repertorio cada vez mayor de opciones asertivas y al final, como un alumno que se gradúa en una escuela, se abandona el circuito culpógeno, habiéndose logrado un dominio aceptable de la propia vida. Aunque el circuito estará allí, guardado en nuestra mente, acechando, como un recordatorio de que la vida es un proceso de renovación constante, ayudándonos para no volver a "dormirnos" o caer en un trance, presos de la culpa nuevamente. Esto estará, desde luego, en interacción con el ambiente social en que  interactuemos y del cual podrían partir nuevas invitaciones para "engancharnos". Asimismo, al haber actuado en ese circuito es posible que invirtamos los roles y seamos nosotros quienes pretendamos generar culpa en otros! Es el mismo Juego, con un cambio de los roles nada más. La Víctíma se transforma en Perseguidor (al que lleva dentro), y para ello captaremos alguna Víctima. Tal vez, aunque en este momento la relación entre la culpa y la asertividad no sea evidente, a través de lo que denominaremos "Las 4 Leyes de la Culpa" lograremos clarificarla, con una perspectiva puramente pragmática. Con el objeto de modificar tanto nuestros patrones de respuestas como el marco de referencia interno que las controla. En las tres posiciones se va delimitando un modo de comprensión y acción frente a esa emoción. 1. La Culpa es la emoción del No-Cambio

Existen muchas definiciones del cambio, en las cuales no nos adentraremos, sino en su importancia para el crecimiento personal. Una definición general es: "El pasaje de un estado a otro". Si bien esto puede implicar la caída en estados regresivos (no deliberados, como los buscados en un ejercicio del trabajo con sueños o psicodrama, sino otros propios de la pérdida momentánea de funciones superiores como la autocrítica, creatividad, resiliencia o estabilidad emocional).Esto sería un cambio momentáneo negativo. pero nos interesa enfocarlo como

un avance evolutivo favorable a largo plazo, que incluye el pasaje de un estado de organización psíquica (Niño Sumiso o Rebelde negativos) a otro más maduro e integrado (Adulto, pero en contacto con el Niño Libre y los valores del Padre Interno positivo). Otra definición, más específica y referida al ámbito de la psicoterapia y específicamente dentro de la llamada "corriente humanística" que seguimos en el Instituto Privado de Psicología Médica sería "la pérdida del equilibrio (homeostasis)logrado, con miras a un grado de equilibrio superior". El concepto de homeostasis implica que las variables de funcionamiento se mantengan dentro de un rango preestablecido de antemano, considerado óptimo, o, si lo llevamos al terreno de la salud, "sano", a un statu quo particular del entorno de pertenencia del sujeto. El primer paso en el camino de la transformación de la culpa, es la comprensión íntima de su esencia. La culpa es un guardián, no ciego, pero falto de autorreflexión. Obedece a sus amos, a quienes no cuestiona y no vacila en inmolarse con tal de agradarlos.

Mientras nos seduzca con promesas, nos amedrente con amenazas o nos intranquilice con el miedo de hacernos responsables de daños propios o ajenos, no podremos ver más allá y despojarla de la fuerza con la que nos domina tan íntimamente. Esta fuerza es de naturaleza hipnótica, o sea, influye a través del mecanismo de la sugestión. Es por ello que se nutre del reservorio de energía emocional. Al hecerlo, adquiere un poder extraordinario, que explica por qué suele ser imposible superarla sólo a través de la reflexión intelectual o los diálogos racionales.

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